viernes, 5 de agosto de 2016

El árbol de la vida.Trilogía del Malamor #3. José Ignacio Valenzuela


A veces para poder seguir viviendo, hay que morir y dejar atrás lo que uno fue.

Esta vez no le saqué fotos al libro.
El tercer libro de la Trilogía del Malamor concluye las historias de Ángela, Rayen y del peculiar poblado de Almahue y sus desventurados pobladores, condenados a sufrir del hechizo del Malamor.

Con el poblado destrozado por un devastador terremoto y Fabián en el fondo de la tierra, Ángela se adentrará en el subsuelo ya que ha decidido que aunque la vida se le vaya en intentar rescatar a su enamorado desde el fondo de la tierra, no va a permitir nunca más que la desgracia o el infortunio los separe.

Quizá los tiempos han cambiado y aquel árbol en el centro de la plaza de Almahue, símbolo del malamor, ahora yace convertido en un cadáver de ramas y raíces tan secas como las arenas de un desierto. Aquello solo puede anunciar una transformación, el fin de una era.

Ha llegado también el tiempo de las explicaciones y Rosa revelará algo de ese pasado que guarda celosamente: una nueva leyenda. Y Ángela deberá sacar fuerzas para enfrentarse a Rayén y al Decapitador en un viaje a través del tiempo y de la geografía chilena.


Opinión personal

Finalmente después de mucho tiempo pude dar termino a esta trilogía, leerme este libro no se me nada hizo fácil. Primero no estaba en la biblioteca (malditas niñas que cambian los libros de lugar), después no había ninguna copia y al tercer intento lo encontré. Luego de tenerlo en mi casa por semanas, la U me tuvo amarrada  hasta que me revelé y al fin pude terminar con la historia.

Para quien aún no lee los primeros dos libros o quiere comenzar a leerlos, intentaré que esto sea lo más libre de spoilers en lo posible.

Al igual que las ediciones anteriores algo fundamental en la historia es el estilo narrativo que mantiene el Chascas, que desde la primera página hace que uno vuelva a sentirse parte del quiero sur chileno (o por lo menos hasta que nos cambiemos de localidad). Asó como también el ágil desarrollo que sin darme cuenta ya iba en la mitad del libro. Y obvio, no puedo dejar de mencionar la maravillosa edición que se llevó a cabo durante la trilogía.




La historia continua exactamente en donde nos dejó el segundo libro. En esta ocasión Ángela debe demostrar toda su valentía, rescatando no sólo a Fabián tras las secuelas del terremoto, sino que a todos sus amigos. Me encanta la evolución que demuestra al conocer más sobre sí misma y tener que enfrentarse no sólo a Rayen, sino que también al Decapitador, que debo decirlo, desde su primera aparición que me dejó histérica. En cuanto a Rayén, sigo amando que sea una the real mala, que esté loca y desesperada y bueno aquí sabremos que de verdad el mala de adentro.

Me gusta que la historia de Fabián y Ángela no sea lo central (como he mencionado no soy fan de la pareja), sino que el conocer los secretos del pasado se roban toda la historia, así como también la acción con los enemigos.


Amor a Azabache
Lo que más amé de esta última entrega fue conocer el pasado de Rosa y de Azabache, dando respuesta a las interrogantes que venían a lo lago de la historia… (me encantaría explayarme más sobre esta parte pero sería full spoiler xD). También estos flashback nos entregan un adelanto de lo que se puede venir en Malaluna, la precuela de Malamor.

Como buen final de una buena trilogía me hizo pasar por todos los estados, desde los “wooow”,  “oooohh”, “aaaaaww”, “noooo!”, hasta los, “omg”, “ctm!” o “hdp”. 

Finalmente la trilogía me dejo tres grandes lecciones: primero, si una compañera roba tu proyecto de investigación, no es tu amiga, déjala morir -ok, no (?)-. Segundo, si viajas a un pueblo donde no hay nada, lleva siempre un tarro de papas fritas y tercero, si un pelotudo te deja porque los vecinos creen que tu papá está loco, véngate!

A pesar de ya haber terminado la trilogía, aún me queda la precuela, Malaluna (que en esta ocasión es mío y no de la biblioteca y está en mi velador en la lista de espera xD). Pero debo adelantarme y decir que me siento inmensamente orgullosa que José Ignacio Valenzuela sea chileno y que se demuestre que no todas las historia ocurren en EEUU o Europa, siendo que Latinoamérica estamos tan llenos de parajes, leyendas y magia por explotar.



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